Ayer estuve en una ciudad extraña. Es una ciudad en la que los árboles tienen sus copas cuadradas. Es una "ciudad de plástico y arena" donde el calor está presente incluso en este tiempo. Al salir de ella, mientras sus palmeras seguían asomadas al horizonte marino, a su espalada, tras una sierra seca y dura, una luna amarillenta se abría paso. Era grande, casi circular. Pensé en cómo describirían esta escena el gran Alcachofa, el inevitable inevitable o la espectacular birdland. No sé. Sólo recordé que una vez en una pupila vi una luna parecida. Esa noche, para mi el cielo era una gran pupila y la luna un reflejo en unos ojos que miraban arriba.