Mis ojos recorren los adoquines
gastados de mi vieja ciudad.
El calor no da tregua a peatones sedientos
hundiendo sus pies y pensamientos
en la calle del silencio.
En mi memoria habita una canción de Quique.
Habla de teléfonos que arden,
de llamadas que no llegan,
de calles con tu nombre,
de ciudades paridas por eolo.
De repente,
un beso suave como una pluma
golpea mis labios porosos.
Su sabor agridulce, como un niño,
me recuerda al incienso de un verbo
lejano, ajado y huído de mi vera
en defensa propia.
Con poco tiempo para respirar,
para parpadear un suspiro,
el beso huye sin pedir perdón.
Huye como las palomas que apuran su existencia
ante la fría mirada de los autobuses...
casi sin querer.

Pero un beso arrastró una sonrisa.. y todo parecía tan facil.. Pero la música dejó de sonar esta noche negra...
todo es cuestión de ver dónde te dirije ese beso mientras tarareas la música...
ya se perdío la música... las interferencias... Ahora mismo hacen que me tenga que marchar de cualquier tipo de conexión. Las interferencias en la música son poderosas... demasiado. Me voy. ;-)
Hasta pronto
precioso poema, ¡¡hay que ver que paranoyas desatas!!, yo creo que en realidad todo es más sencillo que todo eso. ya sabes, cuando encuentras un beso así, solo tienes que seguirlo, buscarlo, repetirlo.
estoy de acuerdo, precioso poema. en cuanto al beso, provoca otro tropiezo.
¿Un beso se defiende? Un beso es tan puro y precioso que no tiene enemigos... ¿defenderse?