Palabras que se unen en desunión
El otro día creí verte reflejándote en un espejo. Tus manos parecías sombras y tu sonrisa parecía pasear por los escaparates. Te miré sin que me reconocieras. Unas campanas sonaban de fondo.
29 Marzo 2006
El otro día creí verte reflejándote en un espejo. Tus manos parecías sombras y tu sonrisa parecía pasear por los escaparates. Te miré sin que me reconocieras. Unas campanas sonaban de fondo.
9 Enero 2006
...Pero en este día no le apetece escribir. Prefiere dejar correr su imaginación y dibujar. Es lo que peor se le da, pero de vez en cuando se siente inspirada. Desde su banco de siempre se oye perfectamente todo. Por eso decide dibujar lo que oye. Presta atención. Le gusta hacerlo. Piensa sobre la cantidad de cosas que se escuchan en una ciudad a poco que se le prestara atención. Campanas, pájaros, risas, llantos, frenazos, coches, peleas. No obstante, ella prefiere excarvar bajo esos sonidos y prebiejar colorear los suspiros, los pensamientos, el roce de las hojas al caer, las pisadas aceleradas de los que llegan tarde a su cita, las sonrisas de los que piensas en aquel beso, en aquella despedida, en aquel comentario inoportuno.
Toma su lapicero y comienza a dibujar la sonrisa de un niño. Está a su lado. La ha mirado y ha sonreído...
CONTINÚA...
16 Diciembre 2005
Me cansé de la cosa sincera. A partir de ahora la prefiero concera.
1 Diciembre 2005
Y en eso que me fijo en el taquillero que me dice el precio de las entradas con una sonrisa de oreja a oreja. Por un instante pensé "soy el cliente un millón, o algo así y voy a tener el papel de esqueleto bajito ya travesado de Napoleón de la peli". Pero no. Sólo era un artificio de amabilidad o ponerme delante de esa persona el momento más inoportuno. Quizá pensaría al verme: "Te vas a asra ahí dentro con tanta ropa". La próxima vez, le preguntaré.
1 Diciembre 2005
Dudas y dudas y más dudas. Y uno no cesa de pensar en quién carajo será la duda esa para que todo el mundo tenga que estar concediéndole beneficios continuamente.
En fin.
28 Noviembre 2005
LLovía fuera. Hacía frío y caía una leve cortina de seda y agua. Una corriente de aire helado golpeaba mi espalda, que sólo se defendía con una pobre camisa negra de mafioso. Cruzaba mis brazos mientras te oía hablar sin parar (sonreía por dentro). Tocabas tu cara con unas manos guardadas dentro de las mangas demasiado estiradas de tu jersey. Quizá necesites darles de sí para que protejan tus largos dedos. Estás tan perfectamente despeinada que, sólo por ello, pienso que ha merecido la pena forzar este tropiezo.
Yo callo, aunque no paro de decir cosas que seguro oyes y esquivas. Siempre has sido más fuerte. En las paredes de tu casa huele a conversaciones y palabras que se juntan con las pelusas del suelo para hilvanar más palabras.
Al salir, aún con tu abrazo en mi cuerpo, me doy cuenta de que todavía no hemos bailado juntos.
22 Noviembre 2005
Voy sentado en el autobús. El sueño se siente cómodo conmigo. Parece que aún no sabe que hace casi media hora tomé la decisión de dejarlo aparcado hasta por la noche. El autobús está repleto de gente desconocida. Nos rozamos. Nos miramos de reojo y cantamos o reímos como si estuviéramos solos. Miro por la ventanilla llena de manos que han intentado borrar la humedad que vela el frío de ahí fuera.
Por el carril bici sólo hay palomas que van en dirección prohibida esquivando las hojas mojads tatuadas en el asfalto. Ya no vuelan. Esquivan a los hombres con extraños amagos de sus alas. Las levanatan como banderilleros y hacen muecas de risas con sus picos. Llega mi parada y una paloma pasa entre mis piernas. Hace un ademán de correr. Quizá quiera entrar en calor.
18 Noviembre 2005
Ayer estuve en una ciudad extraña. Es una ciudad en la que los árboles tienen sus copas cuadradas. Es una "ciudad de plástico y arena" donde el calor está presente incluso en este tiempo. Al salir de ella, mientras sus palmeras seguían asomadas al horizonte marino, a su espalada, tras una sierra seca y dura, una luna amarillenta se abría paso. Era grande, casi circular. Pensé en cómo describirían esta escena el gran Alcachofa, el inevitable inevitable o la espectacular birdland. No sé. Sólo recordé que una vez en una pupila vi una luna parecida. Esa noche, para mi el cielo era una gran pupila y la luna un reflejo en unos ojos que miraban arriba.
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